¿Usted vio Latin american idol del canal Sony? Entonces coincidirá conmigo en que era la mediocridad hecha televisión.

Para empezar, pretendía ser la versión latina de American idol y nada que ver entre aquel monumento a la producción y ese triste programita como de rancho.

Después estaba la bronca de la definición. América Latina no es un país como Estados Unidos, es una región enorme de un continente gigantesco.

¿Qué le quiero decir con esto? Que a los argentinos les importaba un cuerno si ganaba un venezolano y que a los colombianos no les afectaba en lo más mínimo si triunfaba una salvadoreña. O sea, cero emoción.

Pero espérese, porque apenas comienzo. Si no fuera por el poder de convocatoria de Sony, no hubiera habido manera de ver aquello sin sentir lástima.

El escenario era como para que usted y yo nos pusiéramos a llorar de la miseria, la actitud de los jueces era de una falsedad aparatosa y los conductores cometieron errores como para patearlos de tan básicos.

¡Con decirle que a Alejandro Fernández le dijeron Alberto Fernández!

No, y ni hablemos de que los ganadores de Latin american idol no trascienden porque entonces sí nos decepcionamos no sólo de esta producción, sino de todo el canal Sony.

¿Por qué le estoy escribiendo esto hoy si Latin american idol terminó hace dos semanas? Porque se me hace insoportablemente injusto que este proyecto siga recibiendo trato de máximo festival mundial.
Opinion del critico de television mexicano Alvaro Cueva para el periodico Milenio